Bolonia, guía gastronómica y de viaje por la capital del ragú italiano
Bolonia, en el corazón de Emilia-Romaña, es conocida como la grassa, la grasa, por su cocina rica y generosa. Ciudad de soportales, universidad antigua y mesas memorables, aquí nacieron algunos de los platos italianos más imitados del mundo, aunque casi nunca tan bien hechos como en casa.
Qué comer en Bolonia
El plato bandera es el tagliatelle al ragù, la verdadera "boloñesa": cintas de pasta fresca al huevo bañadas en un ragú de carne cocinado a fuego lento durante horas, jamás con espagueti. Los tortellini, diminutas pastas rellenas, se sirven tradicionalmente in brodo, en un caldo de carne reconfortante. Y la mortadella, el embutido rosado y aromático originario de la ciudad, se prueba en finas lonchas o en bocadillo. Completa la mesa el tigelle y la crescentina con embutidos locales y un Lambrusco fresco.
- Tagliatelle al ragù: la auténtica pasta boloñesa
- Tortellini in brodo: pasta rellena en caldo de carne
- Mortadella: el embutido emblema de Bolonia
- Tigelle y crescentine: panecillos con embutidos para compartir
Dónde comer y pasear
El Quadrilatero, el laberinto de callejones medievales junto a la Piazza Maggiore, es el mercado vivo de la ciudad: puestos de pasta fresca, quesos, embutidos y pescado, con pequeñas osterie donde picar y beber una copa de vino. Es perfecto para el aperitivo de media tarde. Un consejo práctico: la pasta fresca del día se vende por peso en los puestos, así que pide la cantidad para tu grupo y cocínala el mismo día.
Ten en cuenta que muchas cartas están solo en italiano, a veces en dialecto boloñés, por lo que fotografiar el menú para traducirlo te ayuda a distinguir cada plato de pasta. Con esa ayuda, Bolonia se saborea bocado a bocado, del primer ragú al último brindis.
Cuándo ir
De abril a junio y de septiembre a octubre son los mejores meses: templados, caminables y con el calendario gastronómico en marcha. El verano es caluroso y húmedo en el valle del Po, y en agosto la ciudad se vacía porque las familias se van a la costa, llevándose consigo bastantes trattorias. El invierno es frío y con frecuencia neblinoso, que es justo cuando los tortellini in brodo, los hervidos de carne y la lasaña tienen más sentido; es además la estación más barata. Los soportales de Bolonia, unos cuarenta kilómetros en total, permiten cruzar casi todo el centro a cubierto llueva o apriete el sol.
Cómo comer bien aquí
Dos reglas te ahorran la versión turística. Primera: pide tagliatelle y no espaguetis, porque el ragú se sirve con pasta de huevo plana, y una carta que ofrece "spaghetti bolognese" está escrita para visitantes. Segunda: trata la pasta como un primo, un plato completo por derecho propio, y no como un entrante.
Más allá de eso, el ritmo local es generoso. El aperitivo, desde las seis y media, incluye con la bebida embutidos, tigelle y queso, a menudo suficiente para sustituir un entrante. La comida en trattoria es la mejor relación calidad-precio del día. El coperto por persona es estándar y viene impreso, no se espera propina, y el lambrusco de la casa —seco, tinto y ligeramente espumoso— sorprende a quien solo conoce la versión dulce de exportación. La estación de Bolonia Centrale deja Florencia a menos de cuarenta minutos y Módena y Parma a media hora.