Guía gastronómica y de viaje de Nápoles
Nápoles es caótica, vibrante y profundamente apasionada por la comida. Cuna de la pizza y de una tradición callejera incomparable, esta ciudad del sur de Italia ofrece algunos de los mejores bocados del país a precios populares. Comer aquí es zambullirse en la vida napolitana, ruidosa, generosa y sin pretensiones.
Qué comer
La pizza napolitana es el motivo de peregrinación: masa fina y aireada con bordes hinchados, horneada en segundos a altísima temperatura. La clásica margherita o la marinara (sin queso, solo tomate, ajo y orégano) muestran su esencia. De postre, la sfogliatella, pastel hojaldrado relleno de ricotta y cítricos, es pura tradición.
- Pizza fritta: pizza frita rellena, comida callejera por excelencia.
- Cuoppo: cucurucho de frituras de mar o de verdura para llevar.
- Babà: bizcocho esponjoso empapado en ron.
- Caffè: café exprés intenso, servido corto y fuerte.
Dónde comer y un consejo
Spaccanapoli, la recta callejuela que parte en dos el casco antiguo, es el corazón comestible de la ciudad: pizzerías históricas, puestos de fritura y pastelerías se suceden entre iglesias barrocas. La Via dei Tribunali concentra algunas de las pizzerías más legendarias, donde merece la pena hacer cola.
Un consejo práctico: en las pizzerías tradicionales se pide en la barra para llevar (pizza a portafoglio, doblada en cuatro) o se espera mesa con paciencia, y conviene llevar efectivo porque muchos locales no aceptan tarjeta. Aunque la pizza se entiende en cualquier idioma, las cartas de trattorias y pastelerías suelen estar solo en italiano, sin traducción, así que fotografiar el menú para traducirlo te ayuda a descifrar los platos del día y los dulces típicos. Come deprisa, de pie y feliz: así lo hacen los napolitanos.
Cuándo ir
De abril a principios de junio y de septiembre a octubre son los mejores meses: cálidos, luminosos y cómodos para una ciudad que se recorre a pie. Julio y agosto son calurosos y concurridos, y a mediados de agosto, por el Ferragosto, muchos locales familiares cierran una quincena. El invierno es suave para los estándares del norte y bastante barato; es además cuando los talleres de belenes de la vía San Gregorio Armeno cobran vida. Nápoles es también la base para Pompeya, Herculano y la costa Amalfitana, todas a menos de dos horas en tren o en ferry.
Comer como un napolitano
El ritmo diario importa más que cualquier lista de restaurantes. El café se toma de pie, en segundos, en la barra, y llega ya azucarado salvo que pidas senza zucchero. La pizza es comida o cena, no un tentempié, y se sirve entera y sin cortar: los napolitanos la comen con cuchillo y tenedor desde el centro hacia fuera, o la doblan en cuatro como portafoglio para comerla andando. Lo frito es la comida intermedia: una friggitoria vende croquetas, zeppole y frittatine por unidad y por muy poco. Y la sfogliatella es un dulce de mañana, que se come templado: la riccia es la crujiente de capas y la frolla la de masa más blanda.
Nápoles es de las ciudades grandes más baratas de Europa occidental para comer bien. El coperto por persona es normal y viene en la carta, no se espera propina más allá de redondear, y aunque la tarjeta se acepta cada vez más, las friggitorie pequeñas siguen prefiriendo efectivo.