Valencia, guía gastronómica y de viaje de la auténtica paella
Valencia, junto al Mediterráneo, es la cuna de la paella y una ciudad que vive entre la huerta y el mar. Su luz, sus naranjos y su gastronomía de arroces hacen de cada comida una celebración. Aquí se come despacio, sobre todo a mediodía y al sol.
Qué comer en Valencia
La gran protagonista es la paella valenciana auténtica, que lleva pollo, conejo, garrofó, judía verde y azafrán, cocinada en leña y sin marisco, al contrario de lo que muchos creen. Su prima marinera es la fideuà, igual de sabrosa pero hecha con fideos en lugar de arroz. Para refrescar, nada como la horchata de chufa bien fría, acompañada de los típicos fartons para mojar. Y entre arroces, no faltan el all i pebre de anguila o un buen esgarraet de pimiento y bacalao.
- Paella valenciana: la receta original, con carne y verduras de huerta
- Fideuà: el arroz marinero hecho con fideos
- Horchata con fartons: dulce y refrescante, ideal por la tarde
- All i pebre: guiso tradicional de anguila
Dónde comer y pasear
El Mercado Central, una joya modernista, es perfecto para ver la huerta valenciana: naranjas, verduras, embutidos y pescado fresco bajo sus cúpulas. Para tapear y cenar, el barrio de Ruzafa mezcla bares de toda la vida con locales modernos y mucho ambiente. Un consejo práctico: la paella auténtica se come a mediodía y suele pedirse para un mínimo de dos personas, así que reserva tiempo y compañía.
Ten en cuenta que algunas cartas usan nombres en valenciano que no siempre se entienden a primera vista, por lo que fotografiar el menú para traducirlo te ayuda a saber qué arroz estás pidiendo. Con esa ayuda, Valencia se disfruta plato a plato, del primer arroz a la última horchata.
Cuándo ir
De marzo a junio y de septiembre a octubre son los mejores meses, con el mar templado, la luz larga y sin el calor de agosto. La fecha grande del calendario son las Fallas, en marzo, cuando enormes esculturas satíricas ocupan las calles durante una semana y arden la noche del 19: espectacular, extremadamente ruidoso y con todo reservado con meses de antelación. Julio y agosto son calurosos y con las playas llenas, y el invierno es lo bastante suave como para que las terrazas sigan abiertas, lo que hace de Valencia una ciudad inusualmente agradable fuera de temporada.
Cómo funciona el día
Valencia mantiene horarios españoles, y el arroz es la razón para respetarlos. La comida va de las dos a las cuatro y es la principal del día; la cena rara vez empieza antes de las nueve. Los arroces se hacen al momento, para un mínimo de dos personas, y tardan media hora, así que pertenecen al mediodía: un restaurante que empuja paella todas las noches apunta al visitante. El menú del día entre semana sigue siendo lo que mejor sale de precio.
Cómo moverse
El centro histórico es llano, compacto y fácil de caminar, y los jardines del Turia —el antiguo cauce del río convertido en un parque de nueve kilómetros— hacen de la bicicleta la forma natural de cruzar la ciudad, con alquileres y sistema público por todas partes. El metro y el tranvía llegan a las playas y al aeropuerto. Los precios son notablemente más bajos que en Barcelona o Madrid, la propina es mínima y sentarse en terraza cuesta más que lo mismo en la barra.