Guía de viaje y gastronomía de Roma

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Roma es la Ciudad Eterna, donde cada esquina esconde dos mil años de historia y donde la comida se vive con la misma pasión que el arte. La cocina romana es honesta, contundente y basada en ingredientes humildes elevados a la categoría de obra maestra.

Qué probar

La pasta es la reina indiscutible de Roma. Prueba la cuatro grandes: cacio e pepe (queso pecorino y pimienta), carbonara (huevo, guanciale y pecorino), amatriciana (con tomate y guanciale) y gricia. No te pierdas tampoco la alcachofa a la romana, los suppli fritos ni una buena pizza al taglio para llevar.

  • Cacio e pepe: pasta con pecorino y pimienta negra
  • Carbonara: cremosa, con huevo y guanciale crujiente
  • Suppli: croquetas de arroz fritas, perfectas para picar

Dónde comer

Trastevere, al otro lado del Tíber, es el barrio más encantador para cenar, con sus calles empedradas, trattorias familiares y un ambiente animado que se prolonga hasta la noche. En el centro histórico, entre ruinas y plazas, abundan los locales tradicionales, aunque conviene alejarse un poco de los monumentos para encontrar la cocina más auténtica.

La mejor forma de comer en Roma es buscar trattorias llenas de romanos, pedir un primo de pasta y acompañarlo de vino de la casa. Como muchas cartas tradicionales están escritas solo en italiano y a mano, fotografiar el menú para traducirlo te ayudará a entender cada plato y comer como un auténtico romano.

Cuándo ir

De abril a principios de junio y de finales de septiembre a octubre son los mejores momentos: días cálidos, luz larga sobre el travertino y terrazas abiertas sin el calor de agosto. Julio y agosto son realmente calurosos, y a mediados de agosto llega el Ferragosto, cuando muchas trattorias familiares cierran una o dos semanas; compruébalo si has planeado una comida en un sitio concreto. El invierno es suave para los estándares del norte de Europa, barato, y la única estación en la que se puede estar frente a la Fontana di Trevi sin multitud. Roma es también ciudad de peregrinación: en Semana Santa los hoteles se llenan con meses de antelación.

Cómo moverse

El centro histórico se cruza a pie en unos cuarenta minutos, y caminar suele ser lo más rápido. Roma solo tiene tres líneas de metro — la arqueología hace lenta cualquier excavación — así que autobuses y tranvías cubren el resto, con el tranvía 8 hacia el Trastévere. Compra billetes por tiempo, valídalos al subir y cuenta con revisores. Los taxis son los blancos con licencia en las paradas oficiales; acordar un precio con alguien que se te acerca en una estación es como acaban pagando de más los visitantes.

Qué cuesta

Roma sale más barata que París o Londres si comes donde comen los romanos. Un almuerzo de trattoria de barrio, un coperto de un par de euros por persona, un espresso de pie en la barra y un abono de transporte forman un marco diario modesto; lo caro son las grandes entradas. Reserva el Coliseo y los Museos Vaticanos con antelación, porque las colas sin cita cuestan horas. El agua es excelente y gratis en los nasoni, las fuentes de hierro de la calle: lleva una botella y rellena.